Desequilibrio creador

Y mides el valor del individuo por la suma de sus desacuerdos, por su incapacidad para ser indiferente, por su negativa a ser el objeto, y de aquí la descalificación del bien, de aquí la boga del mal.

Las personas creativas son aquellas que cuando la mayoría decide seguir un camino ellas deciden escoger otro, el creador es una persona independiente, un espíritu independiente.

El descanso, la tranquilidad y el sosiego parecen ser más creativos mientras que cuando se produce una mezcla o conflicto de emociones puede llevar a la destrucción y a la depresión, que se considera una enfermedad. En un sano desequilibrio creador consiste pues la salud, concepto que no es simple hoy día.

Déjame abriendo las alas y poder renovar el vuelo comenzado, y déjame en la sombra abandonada. Me duele hasta donde pienso, y el dolor es ya de pensar, huérfana de un sueño suspendido.

La filosofía moderna, instaurando la superstición del yo, ha hecho de ella el resorte de nuestros dramas y el pivote de nuestras inquietudes, añorar el reposo en la indistinción, el sueño neutro de la existencia sin cualidades, todo yo es ruptura con la quietud de la unidad.

Tal vez te compadeciste de ti mismo, te creíste tonto y sentimental, pero no… hay algo noble y extraño.

Fedra, en el mito clásico, no puede amar al objeto de su amor y a la vez no puede dejar que otra persona lo ame, son los celos, al final, y no la reputación de su amado lo que termina desencadenando la tragedia, de que Hipólito, su hijastro, se suicide.

Una mística que supiese enlazar el azar y la contingencia sería necesaria aquí, del azar es de donde nace la espontaneidad con que brotan las cosas de la naturaleza y de la divinidad nacería una conciencia que perdería su identificación exclusiva con el yo.

Tenderemos a encontrar un cierto equilibrio sanador dentro de un cierto desequilibrio creador necesario.

El “Fausto” de Goethe nos viene a decir algo de esto, la frontera entre el deseo y el amor no se sabe donde tiene su fin, habiéndose traspasado esa frontera con el simil de la venta de su alma al diablo y la imposibilidad de volver a encontrar el sosiego tranquilizador en su vida.

Pero en Saramago esa frontera precisamente está en el amor, que él salva por la palabra mágica y por esos hilos que tejen, que comunican y lo rescata por otros seres que conspiran en su favor.

Es como Virginia Woolf, porque siempre hace un juego de distancias, habla de esa distancia cercana de las cosas, siempre atrae hacia sí el mundo lejano sin perturbar su cercanía ni su lejanía, todo está unido en ella pues se mueve dentro de una isla y es como una madre universal que guarda su relación de distancia pero que siempre está ahí esencialmente.

Tú eres para mí como esa piedra en el camino a la que asirme y sostenerme para después tener que emprender mi camino de forma solitaria pero me haces bien y te agradezco que me escuches, es como saber que nos une ese hilo de encantamiento que cubre las lejanías cercanas.

Para Saramago, con todo su encantamiento hacia mí y desde mí.

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