Cuando somos adultos nos amoldamos a una sociedad jerarquizada

Cuando somos adultos, nos amoldamos a una sociedad jerarquizada en la que dependemos de la opinión de los demás para poder sentirnos cómodos con nuestras decisiones y nuestros sentimientos. Necesitamos la aprobación de los demás para sentirnos adecuados. Si seguimos las normas, recibiremos esta aprobación. Cualquiera que se salga del engranaje emocional y social se sentirá abandonado a su suerte, sin necesitar siquiera la desaprobación explícita de los demás. Simplemente, sentirá que ya no pertenece al grupo y asociará este sentimiento con la desaprobación, es decir, con la exclusión del grupo. Y esto es muy difícil de sobrellevar, porque el desprecio de los demás, por razones evolutivas, suscita el miedo inconsciente a la muerte.

Así, los demás se convierten poco a poco en fuente de seguridad para nosotros, porque dependemos de su aprobación para todo. No nos relacionamos como iguales, sino como dependientes. No hemos aprendido a relacionarnos de forma sutil, a través de los sentimientos, las afinidades, las necesidades afectivas espontáneas. Reconocemos al otro según los símbolos materiales que exhibe, las ideas que expresa, los periódicos que lee o el tipo de coche que conduce. Según el grupo al que queremos pertenecer, debemos asimilar determinados símbolos de pertenencia. Poco a poco, reemplazamos los vínculos genuinos entre seres humanos, la simpatía o el amor que brotan de forma espontánea, por esos intercambios estructurados que nos ofrecen la seguridad de pertenencia a un grupo humano, a cambio de la aceptación de determinadas normas.

Cuando el teatro de las relaciones humanas se nos queda demasiado estrecho, nos ahogamos en nuestra soledad. Entonces quisiéramos romper las barreras que nos separan de los demás, pero nuestro entrenamiento de años nos lo pone muy difícil: el miedo al ridículo, al rechazo o a la incomprensión nos acota en nuestra soledad.”

Por lo que nuestro mundo puede convertirse en un infierno de soledad, cuando empezamos a ver que los demás nos juzgan o que nosotros no somos capaces de iniciar una comunicación sincera. He ahí la causa del verdadero problema humano que nos asola en estos tiempos.

Los seres humanos nos encerramos en una soledad hermética que tanto dificulta el contacto con los demás. En una soledad compacta, trenzada con mimbres que se entrelazan hasta formar una coraza resistente que nos aísla del mundo exterior.

Nuevamente me preocupa lo que es la desaprobación del grupo, no de forma explícita sino casi siempre tácita, la forma cómo hemos aprendido a relacionarnos con el otro, de cómo liberamos las tensiones, de cómo establecemos relaciones afectivas de confianza y, sin embargo, volvemos a establecer en ellas no un carácter genuino, no a través de sentimientos, necesidades afectivas espontáneas, afinidades, sino que juzgamos a los demás por aspectos exteriores, por las cosas que exhiben, etc.
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Desde que nacemos nos convencen de que somos diferentes de quienes nos rodean, nos enseñan a desconfiar de nuestros sentimientos porque son supuestamente irracionales y por tanto potencialmente peligrosos; empieza la represión del sentir y la imposición del ego individual que nos otorga una determinada imagen- una protección- frente a los demás.

Desde allí aprendemos a relacionarnos con el mundo con una mezcla de pudor- no mostramos nuestros verdaderos sentimientos por si molestan a los demás- y de desconfianza- cuanto menos mostremos de nosotros mismos, menos vulnerables seremos.

Si la imagen tras la cual nos escondemos se parece poco a nuestro verdadero ser, la distancia que sentiremos de cara a los demás será muy grande. Entre ellos y nosotros mediará un abismo, aún cuando estemos a pocos metros de distancia.

Poco a poco desaparece el niño verdadero y emerge el adulto con coraza. Algún día llegamos a olvidar- casi- quienes éramos de verdad. Los demás tampoco podrán saberlo.
Convencidos de que no pueden confiar en sus sentimientos y de que su mente es todavía débil, los niños entregan su autoridad a los adultos que les rodean: padres, maestros, familiares, vecinos… Probablemente no dejarán ya de hacerlo jamás -siempre temerán que sus decisiones conscientes, y por supuesto su forma de sentir la vida, sus emociones, no sean las adecuadas.
lo dijo Elora 20 abril 2009 | 6:53 PM
A colación de tu post podría yo contarte mi experiencia al respecto de los sentimientos. No sé qué trauma infantil me llevó a hacerme muy pronto una niña arisca, y con sus sentimientos bien ocultos para no parecer vulnerable, ni ante otros niños, ni mucho menos ante los adultos, que también eran vistos por mí como enemigos. Me pasé una adolescencia y primera juventud desconfiando de mis sentimientos y de los sentimientos de los demás, y fue con el tiempo, la experiencia, y el conocimiento de otro tipo de personas, maravillosas, que me fui soltando, y mostrando un poco más mi forma de sentir y de pensar, y me fui volviendo cariñosa con quien creo que lo merece. Aun así, creo que me queda mucha desconfianza dentro, en todos los ámbitos, y dudo que la pierda, me siento cómoda con ella.
Mis experiencias de cariño más espontáneas y sinceras siempre han sido, desde muy niña, las que he tenido con animales. Nada me enternece tanto como un perrito, un gatito, un pájaro, o incluso una foca, o un oso polar, o un gorila en apuros…
Pienso que la sociedad sólo quiere individuos réplicas unos de otros, y a los que nos atrevemos a ser un pelín diferentes nos margina ya desde niños, lo cual nos obliga, inconscientemente, a esconder esas sensaciones, que otros pueden utilizar como arma arrojadiza para golpearnos donde más nos duele.
Ni siquiera el amor romántico es verdaderamente espontáneo y desinteresado. Yo creo que buscamos más nuestra propia complacencia, y lo que el otro nos puede aportar.
Mi modo de trabajar con mi campo de los sentimientos siempre ha sido tratando de conocerme a mí misma, de explorar en mi mente y en mis recuerdos, de extraer conclusiones, y de tratar de desterrar miedos y clichés.
Ojalá fuésemos todos un poco menos hipócritas, y más honestos a la hora de relacionarnos. El mundo sería un lugar más agradable.
Buen post.
Besotes.
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lo dijo ishtar 20 abril 2009 | 8:16 PM
A veces el mecanismo por el que tomamos decisiones es un mecanismo oscuro, y esto desvela que no estamos preparados en nuestros condicionantes emocionales, y eso es así por un lado.

Por ejemplo, el papel de la intuición en nuestra vida diaria, en cómo funciona la memoria, en la fuerza de los patrones emocionales latentes tras nuestros actos, en el poderoso mecanismo de la auto-justificación…

Y por el otro lado, está el papel del que tú hablas, Elora, sobre el de nuestra educación infantil, el de qué trauma infantil dices tú, que no recuerdas.

La verdad es que cuando somos niños, los adultos no parecen respetarnos demasiado: se nos dice implícitamente que tenemos que formarnos de acuerdo a sus indicaciones, porque somos imperfectos e ignorantes. A veces tenemos la sensación de que todo lo hacemos mal. Y desde aquí se nos está formando y condicionando emocionalmente en ese sentido negativo y represivo, por eso Elora tienes razón en lo que dices.

Eres una persona que quieres entregar de ti lo mejor de tus emociones o hablar de ellas o exponerlas pero en este mundo actual nos toman por locos si lo decimos o si nos descubren que lo que nos gusta es escondernos a leer un libro o a escribir de algo raro como la filosofía.

En fin, todos creo que alguna vez hemos sentido los condicionantes de esta sociedad y no es para menos, salir de ella y de esa espiral; y más cuando nuestra familia no nos apoya o son nuestros amigos también los que no nos permiten crecer como queremos.

Por eso al final hablo del triste recurso de la soledad y de cómo nos aislamos, tendríamos que saber y aprender a tejer una gran red de comunicación, y afrontar bien los mecanismos por lo que tomamos decisiones, para poder aprender a conocer nuestras emociones genuinas, y poder sentirnos más libres.

No se trata de reprimir el sentir por peligroso, sino de todo lo contrario, de abrirlo, de liberarlo para ser más verdaderos y mas equilibrados emocionalmente.

Gracias, Elora por venir, siempre aportas mucho en tus comentarios.

Un gran beso!!

La otra cuestión interesante que planteas es la de la necesidad de comunicar con aquellos con quienes mostramos empatía, esta sería la cuestión donde yo hablo del amor romántico o se podría hablar de otro tipo de relaciones afectivas, las amistades amorosas, las relaciones de amistad, y en ello tienes razón, necesita de una empatía, que a veces no se encuentra en las palabras sino en algo como es la mirada o el roce de la piel, en algo más primario e íntimo, es una forma de comunicación donde el lenguaje no es lo fundamental sino los afectos, los gestos, y además sucede que en la mayoría de las comunicaciones que establecemos el lenguaje no es lo principal, sino la forma como nos presentamos, nuestro aspecto, todo ello dice más de nosotros que las palabras, esto es así, en la comunicación en más de un cincuenta por ciento. Por eso hoy día las palabras también nos terminan confundiendo más que hacen por comunicarnos. Y la comunicación es por eso lo importante, venga de la forma que venga; si hay comunicación entonces sí hay empatía. Sin embargo, si el lenguaje es oscuro, si decimos cosas enrevesadas y difíciles al no ser inteligibles, no hay comunicación y no hay empatía.
Hemos aprendido a hablar para confundirnos, pero no para comunicarnos. De nuestros afectos disimulamos más de lo que mostramos, a veces por pudor, otras para no sentirnos vulnerables. A los demás les pasa lo mismo.
es mucho lo que la neurociencia está avanzando, y tal vez aunque sea con ayuda profesional, podamos cambiar bastante de todo eso que ahora vemos son comportamientos latentes en el individuo, que nacen de nuestra parte oscura, irracional, por medio de la memoria oculta, del poderoso mecanismo de autojustificación, y si nos vamos analizando veremos que no se sostiene en nosotros. También Ortega dirá aquella frase de Píndaro: ?Llega a ser el que eres?, casi como un imperativo categórico y al mismo tiempo, como un suceder histórico de lo personal.

Hay en nuestro insconsciente una parte “espontánea” también de la que hablan los pensadores orientales, tal vez si sabemos verla, con la mayor de nuestras inocencias, si aprendemos a sacarla, seríamos algo mejores entre todos, y no seríamos tan estirados, ni tan cerrados o herméticos.

Ni tendríamos en esta comedia que dejar a los otros que interpreten los papeles que nosotros por nuestra ?seriedad? confirmada no estamos dispuestos a mostrar, esa sería la cuestión; y tal vez intuyo que éste es el punto que a ti te lleva a reflexionar.

El problema es, vuelvo a señalar, que no hemos aprendido a relacionarnos de forma sutil, a través de los sentimientos, las afinidades, las necesidades afectivas espontáneas.

Esto es lo que se trata de aprender, y no es difícil tanto, y todos tenemos capacidad. Se trata de persistir y en no reemplazar los vínculos genuinos entre seres humanos, la simpatía o el amor que brotan de forma espontánea.

Y si tenemos que pagar un alto precio en soledad porque la seguridad que nos ofrece la pertenencia a un grupo humano es tan importante, entonces es cuestionable toda esa forma de estructura y de seguridad y de los intercambios estructurados en torno a ella.

Vuelvo a redundar en la comunicación, y en la forma como esta necesita de una buena base espontánea también para llegar al otro y para comunicar, que es de lo que se trata también con el lenguaje y no de confundir.

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Creo que cuando hemos luchado y en cierta forma luchamos también por otros nos hacemos un poco invulnerables, pero este sentimiento nos puede afectar si nos aísla de los demás o más si ese amor por el que luchamos se frustra.

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Hay que elogiar mucho la forma sutil, como un niño en que habla Borges, es ese sentimiento o afinidad de la compasión, del amor, y de la ternura con que habla lo que nos acerca a él, además de su vasta cultura e inteligencia. Pero como él dice ademas de toda la obra que ha creado, ser ciego lo que le ha dado es que la gente le mira con ternura, siente por él algo de amor.

Por eso vuelvo a decirte, que la soledad o el abandono no es el fin de uno mismo, ni de la obra de uno mismo, debiéramos tener una obligación moral con los demás, de saber hacer un esfuerzo inteligible por alcanzar una meta solidaria con los demás; hoy sabemos que las relaciones humanas son importantes para alcanzar la inteligencia emocional, para ser más felices. Por eso aunque estemos estudiando ahora o haciendo un sacrificio debemos enfocarlo para el bien de los otros, y darle un sentido o una meta más general y humana.

Recuperemos esa forma de candor juvenil de inocencia con la que habla Borges, pero al mismo tiempo no nos apartemos del grupo, sigamos siendo de él, sigamos intentándolo hasta que nos convenzamos de que estamos en el camino correcto.

Normalmente las convenciones sociales se crean por normas de conducta establecidas pero que han nacido de patrones inconscientes también e irracionales del pasado, o de la memoria, de una forma de seguridad o de pertenencia que se fue formando en un momento histórico determinado, por tanto hay que tener el valor de denunciar esas formas que ahora son encorsetadas o ya no nos sirven por otras que sí serían más inteligibles y más sensibles a nuestros tiempos.

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lo dijo Luz Marina 22 abril 2009 | 5:06 AM

Desde el vientre materno nos condicionan, nos obligan a seguir un camino que quizas no queramos seguir. Por ello se dice que el ser humano no es completamente libre, pues atan nuestro espìritu con sutiles cadenas que a la larga destruyen la pureza del alma.

Los hombres no lloran como van a llorar si son hombres. Cuando mi niño llora, le abrazo profundamente y te digo con la fuerza de mi alma, llora, llora todas las veces que lo necesites. pues el llanto te hace humano, limpia el alma y descanza tu corazón.
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Gracias linda por tus escritos/ saludes/
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lo dijo ishtar 22 abril 2009 | 1:21 PM
No sabes cuánto me gustan las cosas que me dices, Luz Marina, son todas tan bonitas, y yo me acuerdo mucho de Danny.

Un gran abrazo!
El problema es que no hemos aprendido a relacionarnos de forma sutil, a través de los sentimientos, las afinidades, las necesidades afectivas espontáneas. Se trata de persistir y en no reemplazar los vínculos genuinos entre seres humanos, la simpatía o el amor que brotan de forma espontánea.
hace 1 segundo – Comentar – Me gusta – Share – Ocultar – Edit

Y si tenemos que pagar un alto precio en soledad porque la seguridad que nos ofrece la pertenencia a un grupo humano es tan importante, entonces es cuestionable toda esa forma de estructura y de seguridad y de los intercambios estructurados en torno a ella. – sylphide * (modificar | eliminar)

La comunicación es una base, y la forma como esta necesita de una buena base espontánea también para llegar al otro y para comunicar, que es de lo que se trata también con el lenguaje y no de confundir. – sylphide * (modificar | eliminar)

El problema es físico: no nos olemos, no nos tocamos, no observamos al otro con los ojos. Los principios básicos de la empatía son proximidad y semejanza. – Lord Daven

Los animales sienten empatía y no hablan de ello. – Lord Daven

a veces es que no nos miramos a los ojos y estamos hasta cerca, es decir, las distancias se ponen nuevamente porque existe desconfianza;) no sé qué es peor;) – sylphide * (modificar | eliminar)

a veces es más importante buscar una comunicación sincera; esa es mi evolución, yo venía de un mundo en que todas esas reglas las habíamos tirado a la basura, el mundo del metal, donde las relaciones son espontáneas y directas; pero a pesar de eso terminamos cayendo en lo mismo, juzgamos a los demás por aspectos exteriores, por las cosas que exhiben; y si hablo de otro estilo de música como el “fun” o la musica que tu escuchas en la gente de hoy, para mi esa gente era peor, solo se guiaba por el físico y la atracción fisica,
Todo ello nos obliga a poner límites a la emoción, por el miedo al rechazo, al ridículo, a la incomprensión, y cuando queremos darnos cuenta nos hemos aislado;) otras veces lo que hacemos es limitar su expresión mientras buscamos una manera de explorarla o las estrategias que sean necesarias para resolver el problema;)
“Debes ser quien eres -dijo la duquesa a Alicia- o, si quieres que lo exprese de forma más sencilla, nunca trates de ser lo que tal vez hubieras debido ser, o lo que pudieras haber sido, sino aquello que deberías hacer sido”. Lewis Carrol, Alicia en el país de las maravillas.

Una autoestima saludable no implica que el niño se crea invencible o perfecto, sino que confía en sus capacidades para salir adelante. Si los demás lo hemos aceptado con naturalidad, sin condiciones pero sin pretensiones, él aprenderá a confiar en sí mismo y a respetar sus capacidades.

La autenticidad es clave en las relaciones humanas y aún más en las relaciones entre adultos y niños, por dos razones: primero, porque éste percibe a los demás de forma directa e intuitiva, ya que no ha aprendido aún a comunicarse desde la desconfianza y el disimulo. Si decimos una cosa y actuamos o sentimos de forma opuesta, el niño descubrirá la esencia de la hipocresía y aprenderá a desconfíar del mundo que lo rodea. El respeto a las emociones de adultos y niños debe estar implícito en nuestras relaciones. Segundo porque el niño aprende por imitación.

El proceso de aprendizaje de los más jóvenes se hace de forma continuada a través de la imitación consciente e inconsciente de las palabras y los actos de los adultos que los rodean. El médico y premio Nobel de la Paz Albert Schweitzer sugería que los adultos debían enseñar a sus hijos de tres maneras: con el ejemplo, con el ejemplo y con el ejemplo.

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