el mecanismo del perverso y la víctima

Sabes que te quiero.-
(el mecanismo del perverso y la víctima)
Nuestros compañeros son seres humanos, como nosotros, que pasan por e proceso normal de crecimiento. Nadie está jamás terminado… Cuando renunciamos a la obsesión pueril de escudriñar el planeta en busca de la persona perfecta, podemos empezar a cultivar la habiidad de tener relaciones compasivas. Dejamos de juzgar a los demás para relacionarnos con ellos. Antes que nada reconocemos que no nos relacionamos para concentrarnos en lo bien o lo mal que los demás aprenden sus lecciones, sino para aprender las nuestras.

¿Por qué tendemos a vernos envueltos en relaciones que no son constructivas? Para el ego -es decir, para las defensas que presentamos frente a los demás- aceptarnos como somos, sin defensas ni protecciones, implica que ya no es necesario. La autoaceptación, dice Marianne Williamson, es la muerte del aego. Pero las personas confían mucho en ese ego supuestamente protector y suelen regirse por sus dictados: “Por eso nos atrae la gente que no nos quiere. Desde el principio sabemos que no están con nosotros. Más tarde, cuando estas personas nos traicionan y se van, tras una estancia intensa pero bastante breve, fingimos que eso nos sorprende, pero lo sucedido encaja perfectamente en el plan de nuestro ego: No quiero que me quieran. ¿Por qué las personas agradables y bien dispuestas no nos parecen agradables? Porque el ego confunde la excitación con el riesgo emocional y concibe una persona amable y accesibe como no suficientemente peligrosa. La ironía es que la verdad es lo opuesto: las personas accesibes son las peligrosas, porque nos confrontan con la posibilidad de una intimidad auténtica. Son personas que en realidad podrían frecuentarnos durante tanto tiempo que llegarían a conocernos. Podrían socavar nuestras defensas, valiéndose no de la violencia, sino del amor”.

En cuanto al tema de la violencia psicológica hacia la mujer que hemos tratado estos días te diré que yo hasta ayer mismo he vivido la violencia de género y ¿sabes por qué? porque fui a decirle ” te quiero ” a un amigo al que quiero mucho y ¿sabes lo que me respondió?: “No vuelva a empezar por favor”; y estaba a punto de darle todo de mí, de enseñarle mis ultimas enseñanzas para ganar dinero en la bolsa, todo ha sido además, la contestación, por internet, porque él no se atreve a venir a verme, está como reservando el momento de cogerme y sacar lo que a él le interesa de mí. Por supuesto le he dicho que no vuelva a llamarme en toda mi vida, porque ya no le aguanto más.

He sido muy vulnerable, le he estado aguantando muchas cosas pero ya no más.

Aquí en libro de arena con los amigos es donde yo siempre me desahogo, pero también aquí encuentro algunos estereotipos, en el librodearena me encuentro mucho el tipo de hombre que es un voyuger, que es el mirador, un tímido perverso, que disfruta solamente mirando, viendo las partes más notables y físicas de la mujer, incluso cuando habla de ella, sólo la destaca por sus rasgos físicos y ninguno por los intelectuales, que es una forma de degradación a la larga psicológica de la mujer, yo se lo he advertido pero sigue haciendo igual, porque lo que quiere es provocar.

Y hay otro modelo también el provocador con la palabra, el provocador que quiere sacarme de quicio, el típico perverso que se considera a sí mismo un seductor, si alguien te dice: ” yo soy un encanto “, por favor no le hagas caso, ese también te está diciendo que te quiere utilizar. Perdona pero estoy muy crítica estos días.
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El mecanismo del perverso.-

Es fácil y seguro manipular a quien te ama o a quien depende de ti: apagar la chispa de la vida en el otro, romper su voluntad, quebrantar su espíritu crítico para que no te pueda juzgar. Conocer el perfil de un perverso debería formar parte de una buena -pero en la actualidad completamente inexistente- educación afectiva.

El perverso no es un enfermo,se ha forjado con probabilidad en la infancia cuando no pudo realizarse, dice la psiquiatra francesa Marie France Hirigoyen en su libro “El acoso moral”. Creó férreas defensas contra los demás para protegerse y así una actitud que podía haber sido simplemente defenssiva y aceptable se convierte con el paso de los años en una personalidad incapaz de amar y convencido de que el mundo entero es malvado. Insensibles, sin afectos: ésa es su fuerza, así no sufren. Agreden para salir de la condición de víctima que padecieron, dividen su mundo en malo y bueno, temen la omnipotencia que imaginan en los demás porque se sienten profundamente impotentes, por ello necesitan protegerse hasta destruir.

Todos los encantos no son perversos; pero todos los perversos son en la primera etapa de una relación unos grandes seductores. Así atrapan a su víctima, así logran mantenerla en un intricado proceso plagado de silencios, mentiras y dudas que la paralizan. Así pretenden llenar su propio vacío, extraer la vida que sienten que no palpita en ellos y que contemplan resentidos en otros. Al perverso no le agradan las palabras cariñosas porque busca la repulsa para confirmar lo que ya sospecha: que la vida es ausencia de amor y negritud. Cuanto más transparente y generosa sea su víctima, cuando mejor intente tratarlo, mayores serán su rabia y el desprecio del perverso.
Los procedimientos perversos son procedimientos defensivos que, de entrada, no se pueden considerar como patológicos. Es importante ser consciente de que todos podemos ejercer, en algún momento, un comportamiento perverso: sólo significa que intentamos protegernos de manera exagerada. De hecho, son dinámicas que aparecen con mucha frecuencia durante los divorcios y las separaciones. Pero las personas que no son perversas sienten remordimientos cuando manipulan y maltratan psicologicamente al otro y logran desterrar ellas mismas este comportamiento de sus vidas.
Lo que resulta destructivo y peligroso es el aspecto repetitivo y unilateral del proceso. Por ello hay que aprender a no tener una paciencia eterna ante los pequeños desprecios, disimulados un día por el mal humor, otro por el disgusto, un tercero asestado ya sin explicación. Si quien nos acompaña nos está dañando, ha de ser capaz de rectificar. La tolerancia no puede alargarse hasta el infinito.
Otro rasgo característico de una relación perversa es la sensación de soledad que siente la víctima. Porque si el perverso logra aplacar sus tensiones interiores con una persona, se comportará de forma normal con el resto del mundo. Sólo necesita una víctima y la suele elegir entre aquellos que más saben gozar de la vida _no en el sentido material, sino afectivo y psíquico-, alguien con dones musicales, literarios, alegría de vivir, sensibiidad, comunicación, creatividad… Alguien que detenta algo que podría llenar su vacío existencia. Así, quienes rodean a la víctima probablemente no llegan a sospechar la realidad de la relación perversa en la que está inmersa.
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El mecanismo de la víctima.-
Otro rasgo muy característico de la relación perversa es que la víctima nunca llega a pisar suelo firme y saber qué se le reprocha, para así encontrar una salida. El perverso manipula y recurre al descoloque para paralizarla: se contradice, niega y miente. Como la víctima considera que tiene la llave para ayudar a su agresor, que sólo ella puede llenarlo con su vida y con su amor, intentará adaptarse. Está convencida de que el diálogo será parte de la solución, pero no logrará comunicarse. Por ello la víctima acumula grandes dosis de estrés y de tensió interior que fomentan los trastornos crónicos, la ansiedad y el agotamiento. Suele pasar de ser una persona llena de vida a una persona deprimida que se siente vacía.
Se instala en la sumisión psíquica por su tendencia a culpabilizarse, por el miedo a decir o hacer algo que enfurezca al perverso y que le acarree un castigo cualquiera, por evitar tener que soportar más silencio, más desprecio, más palabras hirientes. O también, de forma más inconsciente porque le cuesta demasiado reconocer que su verdugo nunca la quiso, o renunciar al ideal de que ella podía salvarlo.

No se puede vencer a un perverso. Tal vez se pueda dice la doctora Hirigoyen, con esfuerzo y tiempo aprender algo acerca de uno mismo. La única victoria es alejarse sin haberse contagiado de su agresividad y malevolencia. Las víctimas siempre esperan que el agresor se disculpe porque la batalla ha sido siempre profundamente desigual e injusta. Pero eso nunca ocurre porque el perverso excluye de sí mismo el sufrimiento y la duda. A la víctima sólo le queda identificar el proceso perverso que pretende hacerla cargar con toda la responsabilidad del conflicto y analizar e problema dejando de lado la cuestión de la culpabilidad, porque no fue débil al principio, sino demasiada confiada: se creyó salvadora, redentora. Se sintió demasiado responsable y por tanto infinitamente culpable. Tendrá que abandonar el ideal de tolerancia absoluta que enarbolan tantas víctimas y reconocer a tientas que a quien amaba le aqueja, en mayor o menor medida, un trastorno de personalidad peligroso para ella y para los suyos.
Una diferencia clara entre una víctima de un perverso y un individuo masoquista es que cuando la primera tras un enorme esfuerzo consigue separarse de su verdugo, siente una enorme liberación: Ha intentado la labor imposible de resucitar a los muertos. Ahora puede abandonar su posición de víctima inmovilizada y permitir que la vida renazca.
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NO VALLA A EMPESAR DE NUEVO, POR FAVOR! -dice el verdugo-

-sabes que yo te quiero a mi manera aunque tenga que aceptar que quieras tener tu vida propia.
Tambien yo me buscaré la mía. Si quieres seguir trabajando con el Garra , pues sigue con ellos, yo sé que tú sabes hacer muchas cosas.

-maldita sea! No aguanto más tu hipocresía, aparentar una cosa y ser otra.
Lo unico que tienes es miedo a que la gente te trate bien, tú sabrás por qué. Tienes miedo a tener otra vez que cumplir conmigo, tienes miedo a tener que cambiar de vida, tienes miedo a que todo vaya bien; pues eso, yo creo que tu atraes las cosas malas hacia ti, tal vez porque tienes unas energías malas.
-y no vuelvas a llamarme, no quiero volver a saber ya nada en mi puta vida de ti! -contesta la víctima en tres mensajes graduales de separación hasta que lo consigue por fin alejarse-.
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Este artículo está basado en el último libro publicado por la escritora e investigadora Elsa Punset, “Inocencia radical”.

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