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Sí, está bien citado Lampedusa. El mundo de los funcionarios puede estar, como el otro (el mundo del Sector privado), compuesto por propietarios celosos y padres abusivos desde lo alto hasta lo bajo de la escala, incluidos los sindicatos y agrupamientos políticos entregados a la autodefensa de la buena Administración, la del Estado.

El orden de la censura se encontraría aquí invertido. Los historiadores de las facultades de Derecho en particular, trabajan para bloquear la Ley, de acuerdo con su vocación tradicionalista (comparable a la de los griots africanos): es lícito observar la feudalidad medieval en sus fundamentos familiares, está prohibido evocar la feudalidad de los tiempos modernos sólidamente anclada en la imaginaria separación que reproduce la ciencia del Derecho.

Cabe contemplar la renovación de las segregaciones fundadas a la vez sobre la herencia y sobre la oligarquía agresiva de los nuevos señores, inmunizados e intocables como sus antepasados medievales. La función de un derecho del Estado por mantener la igualdad paradójicamente no impide una implacable guerra civil.

En esta ciencia que separa lo bueno y lo malo, por la derrota de una lógica, el excomulgado o el loco aquí -léase España- jamás será considerado como un perseguido, pues la institución es autómata pero nunca cruel. Enuncia simplemente su lógica y la misma excomunión injusta es solamente una “cuestión incidental” o un proceso suplementario. Entendámonos bien, ante todo, lo que es la técnica del derecho.

Por eso, no estoy de acuerdo con la táctica amenazante que usa el economista observador al hablar de una deuda descomunal. Es no tener en cuenta este hecho, el loco o el excomulgado tienen poco que decir en esta sociedad, se los omite, no existen. Están bien reducidos en su reclusión perpetua del sistema por esta economía.

La cuestión es que el Derecho juega a “teatro cerrado”. A ver si entendemos cómo operan las instituciones. El discurso de la Ley recupera al loco en una red doctrinal donde se transparentan el temor social que inspira el demente. El ser peligroso del que el glosador jurista hablará lo menos posible. Bueno, pues este hecho el de “ser peligroso” es fundamental para que nos excomulguen. Y además todo se resolverá con un proceso incidental. Por tanto, no merece la pena más que sigamos escarmentando y autoflagelándonos con que tenemos que cumplir con nuestros deberes. Es más mientras más peligrosos parezcamos será mejor para los de la Europa de norte. Pues nos sacarán, pues harán un proceso suplementario con nosotros más rápido. Tenemos que inspirar miedo, yo lo tengo muy claro, porque es nuestra única defensa ante los bárbaros del norte.

“Barbarie” o “Civilización” decía Marx para hablar de lo que hoy día, con otros términos, se denomina: “pobreza” y “desarrollo”. Pero mejor que no cambiemos el sentido de las palabras, porque lo que significa pobreza es precisamente, barbarie.

Publicado por: estherllull | 17/03/14 en 1:17

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