estherllull, seville-copenhaguen

Yo no sé nada de lo que pasa con la sareb ni quiero saber, he leído el artículo del ministro y dice que no tienen ninguna connivencia con los bancos, lo cual me tranquiliza. Yo sólo sé que todavía hay gente en Madrid, en una capital central, donde por haber nacido en pueblo se me reprocha a mí por haber nacido en ciudad que pueda tener cultura o escribir, así las tenemos todavía hoy día… Yo no confío en este pueblo. ¿Confías tú economista observador? ¿Por qué confío yo en los horóscopos? Porque definitivamente ellos te dicen que puedes tener toda o mucha razón pero que efectivamente los que ahora están en mejor disposición de exponer sus razones, son tal y tales signos y esos son las que se la llevan todas, es así. Lo llevo observando muchos años. Porque yo misma me he visto renacer de la nada.

Y estoy de acuerdo en esto con lo que dice Eduardo. Y además, sigo con mi teoría de los juegos, acerca de la cooperación.

El castigo guarda la viña. Sin embargo, parecemos que estamos olvidando algunas dimensiones en el juego de la cooperación que parecen imprescindibles para que éste funcione, y son mucho menos risueñas de lo que venimos diciendo. En principio, el grupo se refuerza castigando a los que violan las normas y eso exige establecer leyes bien claras que pongan coto a las conductas que perjudican al conjunto.

Mejor nos hubiera ido en España si existieran leyes bien claras que condenaran sin ambages la corrupción, la mala gestión de recursos públicos, el uso de bienes públicos con fines privados, que impidieran las cuantiosas indemnizaciones de quienes llevaron a las entidades financieras a pedir cantidades astronómicas para sanear sus cuentas, regularan la financiación transparente de los partidos, hicieran posible la independencia realmente de los tribunales de justicia. Es urgente propiciar una legislación clara y transparente que ponga límite a los daños que se causan a la sociedad y aumente la confianza.

Como bien decía Ortega: “La cultura es un acto de bondad más que de genio y sólo hay riqueza en los países donde tres cuartas partes de los ciudadanos cumplen con su obligación”.

La Regla de Oro la encontró el biólogo evolutivo Hamilton, según él: el altruismo biológico lo es porque es egoísmo genético. No sé si me entendéis, intentaré seguir extendiéndome en esta idea en otros posts, pero lo que tiene que quedar claro es que según la regla de Hamilton, la Regla de Oro dice: “Obra con los demás de la misma manera que comparten tus genes”. Date cuenta que Hamilton investigó todo lo que dio de sí el darwinismo, y que su regla sería una variante de la Regla de oro: “No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti”.

Pd. ¿cómo se escribe una novela?, pues no se lo aconsejo porque se pierde la salud. Lo mismo le pasaría a este país si decide poner su rumbo a fijo, pero una vez se da con la técnica ya sólo es esperar a que todo te venga da regreso, así de sencillo y así de difícil.

Sí, se han leído tu libro los del FMI, pero quedan los sarebs inteligentes por leer!

Publicado por: estherllull, seville-copenhaguen | 16/07/13 en 22:52

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